Lo que no hace un psicólogo (o no debería hacer)

por | 22 Oct, 2018 | bienestar

La psicología es una profesión preciosa que me fascina y me hace sentirme realizado en mi vida. Pero lamentablemente, veo a diario que la población general ajena a este mundo no suele saber muy bien qué es lo que hace un psicólogo. 
Pero el problema es aún más profundo, cuando me llegan pacientes rebotados de otros sitios y me cuentan su experiencia previa con otros psicólogos, muy frecuentemente descubro atónito comportamientos o actitudes por parte de los profesionales que no solamente no están indicados sino que pueden suponer problemas para las personas que piden ayuda.  

Limitarse a escuchar

Un psicólogo nunca jamás debería limitarse a escuchar. Es necesario que trabaje con el paciente para alcanzar ciertos objetivos. Me da igual la corriente que siga el profesional, pero bajo mi punto de vista, la terapia psicológica debería tener un fin. 
En muchas ocasiones, hablar de lo que nos preocupa o nos pone tristes y sentirnos escuchados nos ayuda a regular este tipo de emociones. Pero no es suficiente, nuestro trabajo es empoderar  a la persona que acude pidiendo nuestra ayuda para que al final de la terapia pueda afrontar este tipo de situaciones sin nosotros. 
Escuchar lo puede hacer cualquier ser querido que tengamos cerca. Y además de ayudarnos a regular emociones, probablemente estrecharemos lazos emocionales y nuestro apoyo social percibido será mayor. Obviamente el psicólogo tiene que escuchar a su paciente, pero desde una actitud activa, dependiendo del momento terapéutico, lo hará para evaluar, diagnosticar o tener feedback sobre la intervención que se está llevando a cabo. Pero en ningún caso ir al psicólogo significa “ir a hablar”

Contarte su vida

En principio un psicólogo no tiene por qué dar a conocer ningún aspecto de su vida privada al paciente. Las autorrevelaciones solamente están indicadas cuando puedan suponer una ventaja terapéutica. 
Por ejemplo, si un paciente está pasando por una situación que el profesional ha vivido y ha conseguido gestionar, puede hacer referencia a ello para motivar y dar esperanzas al paciente. También para normalizar sentimientos, conductas, pensamientos o estados fisiológicos, así como para estrechar la relación terapéutica.
Pero en ningún caso se trata de una relación de amistad en la que ambos se cuentan qué tal les va la vida.  

Establecer relaciones duales

En la misma línea del punto anterior, no es conveniente que establezcamos relaciones de ningún tipo fuera de la relación terapéutica. Debemos limitarnos a establecer un marco de confianza terapéutico, pero fuera de este contexto deberemos seguir con nuestro rol de psicólogo en referencia a la persona que estemos tratando. 
Lo llevo tan a rajatabla que cuando me cruzo con un paciente por la calle nunca saludo el primero (más que nada porque no sé si puedo poner a esa persona en un compromiso), por supuesto si me saludan sí que lo hago. 
Lo mismo ocurre con intentar ayudar o intervenir en personas de nuestro círculo cercano. No podemos obviar que somos humanos y nos afectan los problemas emocionales de las personas que queremos. Por ello, cuando intentamos ayudar a alguien cercano, esta subjetividad nos dificulta actuar con precisión. Al igual que un cirujano no suele operar a sus familiares, nosotros tampoco lo hacemos. 

Trabajar fuera de su ámbito de competencia

Somos psicólogos, nos dedicamos al estudio de la conducta humana. En ningún caso somos nutricionistas, psiquiatras, preparadores físicos, chamanes, futurólogos o endocrinos. 
Es muy frecuente que los “terapeutas” se dediquen a intervenir en múltiples áreas de la vida de las personas sin estar formados para ello. No obstante, al ser profesionales sanitarios, sí que podemos intentar orientar en determinadas cuestiones, pero nunca actuando fuera de nuestro ámbito de competencia. 
Es muy importante saber que no somos superhéroes y que no podemos ayudar a todo el mundo. Es necesario saber dónde está nuestra línea roja. Y cuando un problema se salga fuera del ámbito psicológico, derivar al paciente. 

Ocultar información relevante al paciente

Está dentro de nuestras obligaciones como profesionales devolver la información a nuestros clientes. Es decir, contar lo que ocurre, los problemas que percibimos, los diagnósticos y los pronósticos con y sin tratamiento. 
En ningún caso deberíamos ocultar información al paciente. No es ético. Exceptuando que esta información pueda poner en riesgo la salud del cliente o de alguna otra persona. Esa debería ser la única línea roja. 

Romper la confidencialidad con el paciente

En el caso de los pacientes mayores de 18 años, solamente se puede romper la confidencialidad cuando está en peligro la vida del paciente o la de alguna otra persona. 
Parece algo de cajón, pero en numerosas ocasiones nos encontramos con situaciones surrealistas en las que personas ajenas a la terapia nos demandan información sobre nuestros pacientes. 
En nuestro caso, salvo orden judicial, ni siquiera decimos si estamos atendiendo a un paciente o no. Lo cierto es que en la mayoría de los casos es así, pero siempre hay excepciones. 
Por ello, si acudes al psicólogo, puedes tar tranquilo, que tu información está a salvo. 

Hablar en un lenguaje demasiado técnico

Una de las claves para poder ayudar a las personas que acuden a nuestro centro es que comprendan cómo funciona nuestro cerebro y nuestro cuerpo. Para ello es imprescindible que seamos capaces de comunicarnos de una manera eficiente.
En muchas ocasiones, los profesionales no son capaces de hacerlo por utilizar un lenguaje demasiado técnico. Para evitar este error, en mi caso, suelo utilizar muchas metáforas y muchos ejemplos, para asegurarme que el mensaje llega a mi interlocutor. 

Juzgar las creencias del paciente

Los psicólogos no deberíamos juzgar nunca a nuestros clientes. Hacerlo debilita enormemente la alianza terapéutica y deteriora la relación entre ambos, lo que conlleva dificultades para alcanzar los objetivos de la intervención. 
Nuestra misión no es juzgar las creencias de nuestros pacientes, es ayudarles a modificar aquellas que les hacen sufrir. Por supuesto de una manera consensuada… 

No derivar al paciente cuando el caso sobrepasa nuestras capacidades

Todos tenemos un límite y tenemos que conocerlo. Cuando no tengamos suficiente experiencia o recursos para llevar un tipo de caso, la recomendación siempre es derivar a un especialista. 
Por ejemplo en mi caso no suelo hacerme cargo de casos en los que haya consumo de sustancias o problemas de alimentación severos. Intento asegurarme que el caso que cojo tenga muchas posibilidades de acabar en buen puerto. Y sinceramente, creo que la honestidad es el secreto del éxito. 

Dar consejos

Un psicólogo es un profesional de la salud, no un gurú ni un chamán. Nunca jamás deberemos decir a nuestros clientes lo que tienen que hacer. No somos quienes para decidir sobre las vidas de los demás. Nosotros nos limitamos a evaluar las dificultades y entrenar con técnicas que hayan demostrado eficacia científica al paciente para que pueda superar estas dificultades. 
Intentamos potenciar siempre la libertad de nuestros clientes, y te aseguro que una de las cosas que más incómodo me ponen en la consulta es la pregunta de ¿Y qué hago?

Conclusiones

Un psicólogo es un profesional de la salud, y tiene que mantener este rol. En muchas ocasiones se nos presiona para que salgamos de él, pero tenemos que tener la capacidad para salir airosos de estas situaciones.
Nuestra misión debe ser siempre ayudar a nuestros clientes, y esto muchas veces significa tener que decir verdades incómodas o dar información que la persona no quiere escuchar. Pero a la larga, debemos entender que es por su bien. Y ese es el único objetivo que nos debería mover. 

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6 Comentarios

  1. Gustavo Novo

    Excelente decálogo de «normas básicas» que ayudan al conocimiento de esta profesión, algo denostada en este país.
    Un profesional inigualable que recomiendo con conocimiento de su labor y entrega.

    Responder
  2. Javier

    Hola.
    La sesión cuánto vale la hora..??.
    Primero voy a que me vean por la seguridad social..veo q es más de lo mismo,no se si dará con mi problema,llevo tiempo como con apatía y tristeza general,sin ganas de salir….se está convirtiendo mi vida en una rutina que no pensaba iba a ser así.Siempre fui una persona alegre y decidida,he entrado en un bucle,,con un trabajo en cadena de producción q no me satisface y no me siento realizado,sé que dicen q lo q uno se propone consigue,pero pienso q a mis 44 años aunque no tenga cargas familiares no sé qué rumbo tomar.
    Algún consejo..??.Se que la psicóloga quería verme de nuevo,me vio hace unos años,dice que es mi forma de ser,que debo cambiar cosas,no es fácil,..a veces pienso que tengo lo que ustedes llaman anedonia(no disfruto de nada,no me río apenas…me cuesta hacer cosas…y me tiro los días tumbado en la cama),me hará una sesión cognitiva conductual supongo ..pero veo q mi humor a cambiado,estoy agresivo..lo nota gente de mi entorno.Puedo estar pasando por una crisis existencial,conflicto interno..algún síntoma que no se me haya diagnosticado..?. gracias.

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    • Jesús Matos

      Hola Javier,
      Entre las cosas que no debería hacer un psicólogo es la de establecer una conclusión o un diagnóstico en función de un comentario en un post de un blog. Porque me falta mucha información. Al final nuestro estado de ánimo y nuestras respuestas emocionales dependen de la capacidad para regular emociones que tengamos y las circunstancias a las que nos enfrentamos.
      Hay intervenciones que duran 15 días y otras que duran 3 años, depende de muchos factores.
      Habría que evaluar qué variables están influyendo en tu estado de ánimo e intentar modificarlas. Pero jamás seré yo el que te diga que rumbo tomar… Eso te corresponde solamente a ti.
      Por cierto, que no lo he dicho, la sesión cuesta 70 euros.
      Un saludo

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  3. Maria

    Vaya hombre con lo que me gusta la pregunta ¿y qué hago con mi vida? jejeej

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    • Jesús Matos

      jejejeje… Pues la contestación es que lo que tu consideres… 🙂

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