Resiliencia

por | 15 Ene, 2018 | bienestar

resiliencia

La resiliencia es la capacidad que tenemos los seres humanos para sobreponernos a circunstancias difíciles. Es un término que se ha tomado de la ingeniería para explicar cómo los humanos somos capaces de enfrentar las circunstancias más difíciles y a pesar de la dureza de estos momentos salir fortalecidos de la situación.
Hay dos aspectos relevantes en la resiliencia. El primero “resistir el suceso” y “rehacerse del mismo”

Ante un suceso traumático, las personas resilientes consiguen seguir con su vida y mantener el equilibrio emocional sin que este afecte a su rendimiento ni a áreas importantes. A diferencia de las personas menos resilientes que pasan por un periodo de recuperación.
Generalmente creemos que este tipo de personas son gente increíble y extraordinaria, pero la realidad es que la mayoría de nosotros conseguimos sobreponernos a este tipo de situaciones sin problemas. Solamente un pequeño porcentaje llega a desarrollar un trastorno mental.

¿Qué es la resiliencia?

Los problemas y las situaciones difíciles son inherentes a la vida. Ninguno de nosotros estamos exentos de momentos duros. A todos nos toca pasar por situaciones tan difíciles como la muerte de un ser querido o la ruptura con una pareja. A pesar de que son momentos que ninguno deseamos vivir y que nos generan un estado emocional que no queremos experimentar, la realidad es que somos más capaces de lo que creemos de gestionarnos.
A esa capacidad de sobreponerse a los hechos traumáticos la llamamos resiliencia.
Tenemos que entender que las emociones que sentimos ante una pérdida también son necesarias para nuestra correcta adaptación al medio. Por ello, en lugar de intentar escapar de estos estados emocionales, la clave es aprender de ellos.

¿Cómo desarrollar la resiliencia?

Decía Nietzsche que lo que no te mata te hace más fuerte. Y aunque la investigación dice lo contrario, puesto que las personas que están expuestas a varias situaciones traumáticas desarrollan más propensión a padecer un trastorno mental, la frase nos puede ayudar a explicar lo que en psicología se llama crecimiento postraumático.
No obstante, tenemos que diferenciar la resiliencia del crecimiento postraumático. La resiliencia se refiere a la capacidad de la persona para mantenerse en equilibrio durante la experiencia traumática, y el crecimiento es un momento temporal posterior.

¿Qué es el crecimiento postraumático?

El cecimiento postraumático fue acuñado por Calhoun y Tedeschi en 1999 y se refiere al cambio en positivo que experimenta una persona tras una viviencia traumática.
Es decir, si evaluamos cuantitativamente los niveles de bienestar de una persona antes y después de estar expuesta a una situación traumática, las personas que experimentan un crecimiento postraumático, tendrían valores más altos de bienestar después de haber experimentado dicha situación.
Hay un cambio psicológico muy fuerte en este tipo de personas, y es que lejos de considerarse víctimas, pasan a verse a sí mismas como supervivientes.
Si te fijas, este hecho no es baladí. Si me percibo a mi mismo como víctima, me quedaré atrapado en preguntas sin sentido como “¿Por qué a mi?”. Darle vueltas a este tipo de cosas, no nos traerá nada bueno, puesto que es difícil que encontremos una explicación satisfactoria. En lugar de ello, seguramente tenderemos a culpabilizarnos y a experimentar emociones que nos bloqueen, en lugar de empoderarnos.
En los primeros momentos, es absolutamente normal, caer en este tipo de cuestiones. El cerebro intenta integrar todas las situaciones que vive dentro de nuestro sistema de creencias. Lo que ocurre es que una situación traumática, como norma general, nos rompe los esquemas.
Por ejemplo, es sano tener la creencia de “el mundo es un lugar seguro” o “las cosas buenas les pasan a las personas buenas”. Son creencias, que aunque irracionales, nos ayudan a mantener niveles altos de salud mental. Pero cuando estamos expuestos a una situación traumática como puede ser un atentado terrorista, la experiencia hace que este tipo de creencias nucleares, se rompan.
Por ello, a nuestro cerebro le cuesta colocar esta vivencia en su lugar. Por ello, en trastornos como el estrés postraumático aparecen los flashbacks, que no son más que intentos del cerebro de integrar todo lo que ha ocurrido.
Cuando pasa un tiempo, si aprendemos a regular las emociones que nos genera a vivencia de la situación traumática, las preguntas que nos hacemos son mucho más sanas. Por ejemplo, “¿Qué puedo aprender de una situación así?”. Desde esta perspectiva, nos situamos al otro lado de la línea roja. Nos empoderamos. Nos hacemos más fuertes. Si tomamos las circunstancias de la vida como oportunidades para crecer más, tendremos una perspectiva que nos preparará para la adversidad de forma mucho más eficaz.
No obstante, hay una tendencia a creer que cuando experimentamos emociones desagradables, somos incapaces de sentir emociones positivas, y lo que dice la investigación es que se pueden dar al mismo tiempo los dos tipos. Es más, tras experimentar situaciones traumáticas, es común que aparezcan más emociones positivas que negativas.

¿Cómo ser más resiliente?

Mostrarse agradecido

En una investigación con personas que estuvieron presentes en los atentados de 11s en Nueva york, realizada por (Fredrickson y Tugade, 2003) se demostró que sentir emociones relacionadas con el agradecimiento, amor o interés, tras los atentados, aumentaba a corto plazo las posiblidades de afrontar activamente, tener experiencias subjetivas positivas y desactivarse fisiológicamente. A largo plazo minimizaba el riesgo de padecer una depresión y reforzaba los recursos de afrontamiento.
En toda situación hay estímulos neutros, positivos y negativos. Es normal que nos centremos en los negativos. De esta manera hemos conseguido sobrevivir durante miles de años como especie, pero si hacemos el esfuerzo de intentar ver las cosas positivas de la situación, será más probable que nos sintamos agradecidos, y como ya hemos visto, de esta manera será más probable que consigamos empezar nuestro crecimiento postraumático.

Cultivar el optimismo

De nuevo, en el estudio que mencionábamos en el apartado anterior, con personas que estuvieron presentes en los atentados del 11s, se encontró una relación entre resiliencia y experiencia de emociones positivas. Parece que experimentar este tipo de emociones les ayudaba a ajustarse mejor a la situación.
Al parecer, las personas resilientes tienen una visión más optimista de la vida. Son más entusiastas, más enérgicas, curiosas, abiertas a nuevas experiencias y se caracterizan por altos niveles de emociones positivas. (Block y Kremen, 1996).
No obstante, es completamente normal que nos mostremos pesimistas ante un suceso traumático. De nuevo, es algo temporal, es nuestro cuerpo intentando adaptarse a la nueva situación. Pero podemos hacer un esfuerzo por centrarnos en la parte buena de la situación. De esta manera desarrollaremos nuestro optimismo.

Utilizar emociones positivas como estrategia de afrontamiento

Al parecer, experimentar este tipo de emociones durante un acontecimiento traumático, es señal de que somos personas resilientes. ¿Pero de qué manera consiguen generar este tipo de emociones las personas más fuertes?
Según el estudio que hemos mencionado con personas presentes en los atentados del 11s, lo conseguían utilizando el humor, explorando creativamente o como decíamos en el apartado anterior, utilizando el pensamiento optimista.
La utilización del humor nos ayuda a relativizar los problemas de la vida. Si nos reímos de la adversidad, seremos invencibles. Adoptaremos una perspectiva que facilitará el crecimiento postraumático.
De la misma forma, el intentar buscar explicaciones creativas a lo sucedido. Esto nos mantendrá abiertos a la experiencia, y en lugar de evitar emociones incómodas, seremos capaces de afrontarlas activamente y esto a la larga nos protegerá de desarrollar patologías importantes.

¿Cómo experimentar el crecimiento postraumático?

Cuando hablamos de crecimiento postraumático nos referimos al aprendizaje o cambio en positivo que hace la persona tras el proceso de lucha. Es importante recordar que no todas las personas son capaces de hacerlo, por lo que no es un proceso universal. (Calhoun y Tedeschi, 1999)
Las personas que experimentan este tipo de cambio, tienen algunas características en común. Son extrovertidas, optimistas, tienen niveles altos de esperanza y suelen tener creencias religiosas. Calhoun y Tedeschi, 1999
Según estos autores hay tres categorías de crecimiento

Cambios en uno mismo

Las personas que experimentan este proceso suelen confiar más en sus capacidades y son más optimistas cuando piensan en las dificultades futuras. Se sienten capaces de hacer frente a cualquier adversidad.

Cambios en las relaciones interpersonales

Muchas personas fortalecen sus lazos después de este tipo de experiencias. Y es que cuando estamos tan al límite nos damos cuenta de lo que verdaderamente importa. Este tipo de vivencias sirve como filtro para darnos cuenta de quién está ahí de verdad.
A su vez, el haber experimentado una situación traumática, desarrolla la capacidad de empatía con el sufrimiento humano y dispara las conductas de ayuda.

Cambios en espiritualidad y filosofía de vida

Las experiencias que nos llevan al límite nos empujan a plantearnos la vida de otra manera. Las creencias que nos ayudaban antes de sufrir este tipo de situaciones dejan de tener valor y experimentamos un crecimiento. No siempre es así, pero es sano que ocurra.
Empezamos a dar valor a las cosas que antes dábamos por supuestas. Y hay cambios en nuestra escala de valores.
En un estudio realizado con mujeres que habían sufrido abusos sexuales, se encontró que el 46,8% de ellas encontraba algún beneficio a la experiencia (McMillen, Zurvain y Rideout, 1995)

Conclusiones

El ser humano es excepcional. Tiene una capacidad para salir fortalecido de la adversidad inigualable. Si las experiencias extremas pueden tener la capacidad de hacernos crecer, no tiene ningún sentido que nos pasemos la vida preocupándonos por las posibles desgracias que nos puedan ocurrir.
Tenemos la obligación de desarrollar las capacidades necesarias para volvernos personas resilientes. Y aunque en ocasiones experimentemos emociones difíciles de gestionar, estas situaciones difíciles nos ayudarán a hacernos más fuertes.
Depende de la perspectiva con la que nos movamos. Tendamos a ser más optimistas, a tomarnos con humor la vida y a aprender de cada experiencia. Si hacemos esto, seremos invencibles.

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11 Comentarios

  1. Alicia

    Gracias Jesús por esto. Es mucho de lo que necesito escuchar. La muerte de mi hijo ha sido lo más duro y terrible que he tenido que afrontar y día a día aprendí a vivir con ello… pero me he dado cuenta que es un proceso y que puedo salir adelante. Un abrazo

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    • Jesús Matos

      Muchísimo ánimo Alicia. Has sufrido una de las peores situaciones que podemos vivir. Nadie nace preparado para esto. Cualquier cosa que necesites, ya sabes dónde estoy 🙂

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  2. Estella

    hola! muy interesante ! muchas gracias por compartirlo. Un saludo!

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  3. Isabel

    Hola Jesús
    No conocía éste vocablo, resiliencia.
    Desde que comencé a seguir tu blog hasta hoy he observado su mejora, también de un modo continuo.
    He leído el artículo con gesto cordial y agradecido. Es claro, penetrante, intenso e incisivo. Tus palabras esclarecen de raíz cual ha de ser la inclinación de ánimo en una dirección específica, para encarar la vida que a cada uno nos toca vivir.
    Ante sucesos como los que expones (se podrían sumar los sobresaltos de la prensa diaria). El susto de lo que dicen, el susto de cómo lo dicen y cierta propensión cavilosa, me siento tranquila.
    Un abrazo

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  4. Núria Jorba

    Cuanta razón! Somos más fuertes de lo q nos imaginamos. Tanto personal como emocionalmente vivo cada día esa capacidad de recomponernos que nos surge de manera innata… Ojalá puedieramos aprender todo esto a través de un libro y sin sufrimiento ? magnífico artículo

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  5. Cristina

    Gracias Jesús, esto si que está bien explicado, yo he necesitado un tiempo de recuperación, pero me doy por satisfecha, porque ahora bendigo todo lo que me ha pasado, y no sólo a nivel laboral, que ha sido muy duro, si no a nivel personal y de salud, no se cómo pero estoy para arriba. Poco a poco y sin olvidarme de donde he estado.
    Un saludo

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    • Jesús Matos

      ¡¡Eres una auténtica máquina Cris!! Mucho ánimo! Y ya sabes dónde estoy 😉

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