Agorafobia

por | 18 Jun, 2018 | ansiedad

agora fobia

La agorafobia es un problema que afecta a miles de personas y que supone un impacto tremendo en el día a día de aquellos que la sufren. Se trata de un desorden emocional que limita tremendamente el día a día en todas las áreas. Una de las claves para superar y protegerse de este trastorno, es contar con información sobre él. Por lo que sigue leyendo.
Cuando sufrimos agorafobia, nuestro entorno laboral, familiar, de amistad y ocio se ven muy limitados. Las buenas noticias es que se puede tratar y la respuesta al tratamiento psicológico es muy buena. Por lo que si notas los primeros síntomas, mi recomendación es que te pongas en manos de un profesional lo antes posible, porque a diferencia de otros trastornos, no suele haber remisión espontánea sin tratamiento. 

¿Qué es la agorafobia?

En el lenguaje popular, muchas veces se confunde lo que realmente significa este problema. La confusión parte de la etimología de la palabra, ya que ágora significa plaza en griego. Comúnmente se confunde la agorafobia con miedo o ansiedad ante los espacios abiertos, y en muchos casos, desde fuera, puede ser así, pero el problema es mucho más profundo y tiene raíces más arraigadas. 
Normalmente la agorafobia aparece después de que el paciente sufra uno o varios ataques de ansiedad o pánico. Este problema se caracteriza por el miedo del paciente a las respuestas cognitivas, conductuales o fisiológicas de la emoción de miedo. 
Al reaccionar con miedo ante el miedo y no disponer de información suficiente, estas sensaciones se incrementan, lo que hace que los pacientes confirmen sus temores mas profundos (los más habituales suelen ser miedo a tener un infarto o un íctus, miedo a ahogarse, miedo a volverse o estar loco o perder el control o miedo a desmayarse, pero puede haber otros). 
Poco a poco estas personas comienzan a evitar ciertas situaciones o lugares (normalmente públicos) por miedo a que se repita el ataque de ansiedad. Precisamente al evitar ciertos estímulos, se sensibilizan ante ellos, por lo que cuando tratan de exponerse a ellos, aparece el tan temido miedo, y por tanto las sensaciones desagradables que tanto intentan evitar.
Paulatinamente se comienzan a evitar una serie de situaciones que antes no generaban ningún problema. Las más comunes suelen ser coger ascensores, aglomeraciones de personas, conducir, ir a lugares lejos de centros de salud, alejarse de casa y un largo etcétera.
Este problema no suele tener remisión espontánea, por lo que si no recibimos tratamiento psicológico, la tendencia es que todo vaya a más. En algunos casos, los más graves, las personas llegan a permanecer encerradas en casa durante años. Incluso evitando algunos espacios de su propia vivienda. Además, las personas que padecen agorafobia, suelen tener más posibilidades de sufrir otros trastornos.
Por lo que retomando la aclaración inicial en la cual señalábamos que la agorafobia no es solamente miedo a los espacios abiertos, podemos concretar diciendo que este problema puede afectar tanto a espacios abiertos como a espacios cerrados, pero el denominador común de estas situaciones suele ser miedo a sufrir un ataque de ansiedad o pánico en un lugar determinado. 

¿Qué síntomas son característicos de la agorafobia?

La sintomatología de la agorafobia puede ser tan variada como los síntomas que aparecen en los ataques de pánico. Desde respuestas fisiológicas como la taquicardia o las palpitaciones a respuestas cognitivas como miedo a estar loco. 
Pero la clave en este trastorno son las evitaciones que hace la persona que lo sufre. Es decir, las situaciones que evita por miedo a sus reacciones emocionales. Muchas veces, tenemos que buscar los síntomas en aquellos lugares (normalmente públicos aunque también privados) en los que la persona hace tiempo que no va.
Como decíamos antes, el comienzo suele ser paulatino, suele comenzar con uno o varios ataques de ansiedad o pánico que dan lugar a la evitación de los espacios o estímulos concretos. El paciente comienza eludiendo algunas situaciones y poco a poco va generalizando esta respuesta a más lugares. 
Los miedos más comunes suelen ser los siguientes. Si te sientes identificado, no lo dudes y pide ayuda a un profesional de la salud mental.

Miedo a sufrir un infarto o un ictus

Este miedo proviene de la alta sensibilidad a las respuestas fisiológicas de ansiedad. Normalmente la persona que sufre este tipo de problema malinterpreta la activación fisiológica y anticipa un accidente cardiovascular. 
Este pensamiento provoca una emoción de miedo que precisamente hace que la activación sea mayor. En este momento, los pacientes suelen escapar de la situación, lo que impide que haya una comprobación de que realmente no hay peligro, lo que provoca una sensibilización de la ansiedad. Es decir, que en la siguiente exposición que realice haya mayores niveles de miedo y/o ansiedad. 
Normalmente la activación fisiológica producida por el miedo en un momento concreto no es causa de accidentes cardiovasculares. Estos se deben a otras causas como el tabaquismo, la vida sedentaria o la mala alimentación.  

Miedo a perder el control 

Otro miedo muy común en las personas que padecen este problema es el miedo a perder el control o a volverse  o estar locos. Suele ser fruto de la alta actividad cognitiva en estos casos o de las sensaciones de desrealización y despersonalización. Pero los ataques de ansiedad nada tienen que ver con otros trastornos mentales graves.
Normalmente, cuando tenemos miedo, solemos preocuparnos más. En los casos en los cuales la vivencia es intensa, podemos experimentar en nuestra mente la aparición de multitud de pensamientos e imágenes de forma muy acelerada. Esta sensación puede llevarnos a malinterpretar el síntoma y anticipar que tenemos una enfermedad mental o que vamos a perder el control y vamos a hacer daño a nuestros seres queridos o a nosotros mismos.
Por otro lado, la sensación de desrealización y despersonalización, sentir que no estamos realmente en el lugar que estamos y que no somos nosotros mismos respectivamente, pueden inducirnos a pensar que estamos perdiendo la cordura. 
Tenemos que señalar que en estos casos, los síntomas de ansiedad no tienen nada que ver con enfermedades mentales como la esquizofrenia. Y que por mucho que pensemos en determinadas cosas, no incrementan las posibilidades de que estas sucedan. 

Miedo al desmayo

Otro miedo muy común es el de desmayarse en un lugar en el que no pueden recibir ayuda. Como puede ser mientras conducen o en un lugar apartado. 
Como consecuencia de la sensación de mareo, producida por la hiperventilación, hay una malinterpretación de la sensación y se anticipa que vamos a sufrir un desmayo. 
La realidad es que la respuesta de ansiedad sube la tensión arterial, lo que provoca mayor flujo de oxígeno en el cerebro, mientras que el desmayo se produce por causas contrarias, es decir, cuando no llega suficiente oxígeno. 
Si bien, es cierto, que en un número muy reducido de pacientes, sí que puede aparecer el desmayo, como consecuencia de un síncope vasovagal, como ocurre en fobias al daño o a la sangre. 

Miedo a ahogarse

El miedo a ahogarse proviene de las sensaciones producidas por la hiperventilación en las cuales podemos sentir que el aire no fluye como debería. Además, cuando nos sentimos ansiosos, podemos experimentar presión en el pecho, que no es más que tensión muscular, pero de nuevo podemos malinterpretar esta respuesta como una evidencia de que nos estamos ahogando o sufriendo un infarto. 
De nuevo, los síntomas de ansiedad no tienen nada que ver con ahogarse. Normalmente se producen por una situación opuesta al ahogo. Es decir, por hiperventilación, lo que conlleva un incremento del oxígeno en sangre. 

Miedo a hacer el ridículo

Un miedo secundario que puede aparecer en las personas con ataques de pánico y agorafobia es el miedo a sufrir un ataque en público. Ante el pensamiento de que van a experimentar un ataque delante de otras personas y tendrán que dar explicaciones o llamar a la ambulancia, pueden aparecer ciertas evitaciones. 
Suele tratarse de un miedo secundario, es decir, probablemente el miedo subyacente sea uno de los cuatro descritos anteriormente (o una mezcla de varios de ellos), pero este miedo se generaliza al plano social, por lo que el universo de situaciones que comienzan a evitarse es mayor.  

Edad de comienzo y curso de la agorafobia

Normalmente este problema suele aparecer en la juventud, entre los 20 y los 30 años. Aunque hay casos de ataques de pánico en niños y en personas más mayores. 
Al principio siempre suelen aparecer ataques de ansiedad, que poco a poco se convierten en conductas de evitación, para acabar influyendo en la vida de la persona en todas sus áreas.
El gran problema de los ataques de ansiedad, la agorafobia y todos los trastornos relacionados con esta emoción, es que no suele haber remisión espontánea. Es decir, que sin tratamiento los síntomas suelen ir a peor. 
Otro de los grandes problemas es que las personas que lo sufren, tardan años en recibir, si lo reciben, tratamiento psicológico. Por lo que suele ser mucho más complicado que si hubiesen acudido antes a un psicólogo. Por lo que de nuevo, mi recomendación si ves que te identificas con la sintomatología, pide ayuda a un profesional de la salud mental.

Causas de la agorafobia

Como en casi todos los problemas psicológicos, hay múltiples causas que nos pueden llevar a padecer un trastorno de pánico con agorafobia. 
Es necesario hacer referencia a la genética. Parece que se hereda una predisposición a padecer trastornos de ansiedad. No es necesario que algún familiar haya padecido agorafobia concretamente, puede ser cualquier otro trastorno. Precisamente, lo que parece que es hereditario es la sensibilidad a la ansiedad. Es decir, las personas con alta sensibilidad a esta emoción, suelen tener más probabilidades de padecer un trastorno de ansiedad. 
Por otra parte, están las vivencias y nuestra historia de vida. Normalmente, en temporadas en las que estamos más nerviosos o con niveles altos de estrés, es más probable que aparezca el primer ataque de ansiedad. Aunque no tiene por qué ser así, pero suele ocurrir como en otros trastornos.
La causa principal y necesaria para padecer agorafobia es que haya habido ataques de ansiedad. Muchas veces, puede que la persona que los sufre, ni siquiera sepa qué está ante una respuesta emocional. Y no es hasta años después cuando lo descubre (generalmente en la consulta de un psicólogo). Aunque padecer un ataque de ansiedad no es sinónimo de desarrollar agorafobia. Muchísima gente experimenta ataques de ansiedad y nunca llega a desarrollar un trastorno. 
La otra causa principal son las conductas de evitación. Es decir, todas aquellas acciones que realizamos para mantenernos lejos o escapar de situaciones que nos pueden generar ansiedad. Con esta actitud, lo que hacemos es sensibilizarnos a estas situaciones, cuando nuestro propósito es precisamente el contrario, huir del sufrimiento. 
Para hacer un resumen de un caso típico, podríamos decir que la persona que lo sufre tiene familiares que probablemente hayan tenido problemas de ansiedad, por lo que ha heredado cierta sensibilidad hacia las respuestas de esta emoción. En un momento de estrés en su vida, probablemente bajo niveles altos de estrés, sufre el primer ataque de ansiedad o ataque de pánico. Ante la vivencia tan desagradable del mismo, comienza a evitar las posibles situaciones donde se puede dar este problema hasta que limita su vida escapando de situaciones cotidianas que antes realizaba. Ante esta situación, comienza a generalizar el miedo hasta que poco a poco se va encerrando. 

¿Por qué se mantiene la agorafobia?

El principal motivo del mantenimiento de la agorafobia son las conductas de evitación. Es decir, da vez que en lugar de exponernos a los estímulos que nos generan ansiedad los evitamos, no damos la oportunidad a nuestro organismo de comprobar que en realidad no suponen un peligro real para nuestra supervivencia. Este proceso supone el mantenimiento de este trastorno si no pedimos ayuda. 
Cuando evitamos, nos sensibilizamos cada vez más, es decir, la ansiedad asociada a estas situaciones se vuelve más intensa, más frecuente y más duradera. Además, aparece un proceso llamado generalización, mediante el cual, cada vez son más los estímulos que nos pueden generar miedo.
Por ejemplo, podemos empezar evitando los ascensores o conducir a horas en las que es posible que encontremos un atasco y sintamos que no podemos escapar. Conforme vamos evitando, cada vez evaluamos cognitivamente como más peligrosas dichas situaciones. Es probable que en algún momento comencemos a evitar también espacios diferentes en los que pensemos que no hay vía de escape. Por ello, cada vez, nuestro universo de situaciones temidas será cada vez más amplio y nuestros síntomas más fuertes. Es una de las razones por las cuales es recomendable tratarse cuanto antes de este problema.
Como decíamos, el mantenimiento de la agorafobia, y de todos los trastornos relacionados con al ansiedad y el miedo, se produce por evitación. Podemos explicarlo en términos de condicionamiento operante, es decir, al evitar una situación, el malestar se reduce a largo plazo, pero esto supone un refuerzo negativo para nuestro problema de ansiedad. o que quiere decir que se refuerza. 
Para conseguir superar la agorafobia, necesitamos exponernos y habituarnos a este tipo de situaciones en las que en realidad no hay ningún peligro real. De esta manera, cada vez los síntomas serán más suaves. La terapia psicológica se centra en este fenómeno.  

Conductas de seguridad: una de las principales causas del mantenimiento de la agorafobia

Hay que mencionar un tipo de evitación que suele pasar desapercibido para los ojos inexpertos. Son las conductas de seguridad. Se trata de pequeños rituales que ayudan a la persona a sentir cierto control sobre las situaciones, pero que impiden que se exponga de manera efectiva a las situaciones.
Una muy típica suele ser llevar un ansiolítico encima. De esta manera se sienten más seguros y pueden realizar actividades que sin llevar la pastilla no harían. Hay veces que desde fuera, puede parecer que la persona no padece ningún trastorno psicológico, puesto que realiza una vida normal, pero cuando le pedimos que no lleve encima el ansiolítico, aparecen las reacciones de miedo ante una situación determinada.
Otras conductas de seguridad típicas son las de llevar una botella de agua, las de mirar si hay centros de salud cerca, tomarse la tensión o el pulso, etc… Todas ellas son intentos de control, pero suponen un hándicap a la hora de superar el trastorno. Por ello, para un tratamiento efectivo hay que ir eliminándolas poco a poco para que los síntomas disfuncionales den paso a otros más adaptativos.

Tratamiento para la agorafobia

Existen varios protocolos validados para el trastorno de pánico con agorafobia. Voy a repasar los aspectos comunes de los tratamientos o terapias validadas científicamente para la superación de este mal. 
En un primer lugar, es especialmente importante educar a la persona en lo que es la ansiedad, el miedo y las reacciones emocionales. De esta manera el cliente entiende que los síntomas que padece no suponen ningún peligro real, que las desgracias que cree que le van a ocurrir solamente son pensamientos, no realidades. Para que me entiendas, es importante saber que no nos va a dar un ataque al corazón o no nos vamos a volver locos para poder afrontar las sensaciones temidas de ansiedad.
Después se entrena a la persona para detectar y modificar los pensamientos automáticos negativos. De esta manera empieza a tener recursos para gestionar en su día a día los pensamientos catastrofistas. Puede cambiar un “me voy a desmayar” a un “me mareo porque estoy respirando más rápido de lo habitual”. Es una buena forma de ser más objetivos en nuestras valoraciones cognitivas, por lo que empezamos a poder gestionar las emociones en nuestro día a día.
Después, es necesario que la persona compruebe en un lugar seguro que sus reacciones fisiológicas no son peligrosas. Para ello, se realiza lo que se llama exposición interoceptiva, es decir, se provocan las sensaciones temidas mediante algún ejercicio (siempre a niveles adaptados a la persona) para comprobar que efectivamente solamente es activación fisiológica y no se trata de un problema de salud. 
Hasta el momento, las personas que sufren este tipo de problema, suelen asociar las sensaciones físicas con un ataque de ansiedad. A partir de este momento, empiezan a tener experiencias de activación fisiológica que no desencadenan el ataque, por lo que poco a poco la asociación neuronal se va haciendo más débil. 
Es entonces cuando los ataques de ansiedad suelen ser mucho menos frecuentes que al principio, por lo que la persona cada vez va ganando más seguridad. 
Es en este momento en el que se empieza a exponer a la persona a las situaciones que teme. Siempre es recomendable hacer una jerarquía de situaciones temidas, para empezar por aquellas que perciben como menos ansiógenas. Así, poco a poco, va ganando confianza en sí mismo y se atreve cada vez a afrontar situaciones más difíciles.
En este punto es recomendable ir eliminando poco a poco las conductas de seguridad. Para que el paciente compruebe por sí mismo, que no hay peligro a pesar de no intentar ejercer un control sobre la situación sin ayuda. Además es importante hacerlo para eliminar todas las conductas de evitación, ya que mantienen el problema a largo plazo. 
Cuando se consigue exponer a todo el universo de situaciones temidas, la clave es crear una especie de colchón emocional, para que la recaída sea más difícil. Para ello, se le pide que se active fisiológicamente en las situaciones temidas. De esta manera la persona ya percibe que tiene control sobre sus reacciones de ansiedad y miedo. Y que estas no tienen por qué desembocar en un ataque de pánico. 
Dependiendo de los años de evolución del trastorno, el tratamiento puede ser más o menos corto. No es lo mismo trabajar con una persona que acaba de empezar a evitar situaciones que con alguien que lleva años sin salir de casa. En el primer caso pueden bastar con unas cuantas sesiones, mientras que en el segundo la terapia se puede prolongar más en el tiempo.

¿Cómo superar la agorafobia?

La clave para la superación del trastorno es acudir a un profesional de la salud mental. Los tratamientos o terapias validadas científicamente que han demostrado eficacia son los psicológicos de corte cognitiva conductual. 
Es cierto que al principio, puede ser necesario el tratamiento farmacológico complementario, pero sin la exposición y las técnicas cognitivas, es difícil que haya una remisión total del problema. 
Además, los ansiolíticos, en muchos casos, suponen una conducta de evitación, en este caso química, y no permiten comprobar a la persona que es capaz de gestionar su miedo y ansiedad por sí misma. 
Por supuesto, yo siempre recomiendo el tratamiento combinado en aquellos pacientes que lo necesiten, pero las guías de tratamiento, señalan que son los antidepresivos ISRS el tratamiento de elección, no las benzodiazepinas (lamentablemente suelen ser el primer tratamiento farmacológico que las personas reciben). 
Tenemos que tener en cuenta que el tratamiento psicológico es activo, es decir, vamos a tener que realizar tareas entre las sesiones con el psicólogo para poder superar el problema. Es por esto que muchas personas dejan la intervención a la mitad. Para mejorar tenemos que estar dispuestos a trabajar. 
Al contrario de lo que se puede esperar, durante la exposición, no se sufre demasiada ansiedad. Ya que se intenta jerarquizar mucho las exposiciones para que no haya saltos demasiado grandes. Además, en muchas ocasiones, el propio terapeuta acompaña a la persona a los lugares temidos, para ayudarle a gestionar la ansiedad en vivo. 

Conclusión

La agorafobia es la evolución natural de los ataques de ansiedad. Se trata de un problema que genera mucho sufrimiento y malestar en las personas que lo padecen. 
La gran mayoría de estas personas no reciben el tratamiento o terapia de elección, por lo que llegan a pensar que se trata de una enfermedad crónica. Lo cuál no es cierto, ya que ni siquiera se trata de una enfermedad, simplemente es un aprendizaje disfuncional que nos influye en nuestra vida. 
El tratamiento psicológico para este problema, es muy eficaz, por lo que la recomendación siempre es buscar un psicólogo cognitiva conductual que nos enseñe cómo gestionar el miedo y la ansiedad. 
De verdad, pide ayuda. Ya sea en los servicios públicos o en la consulta privada de algún profesional de la salud mental.

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8 Comentarios

  1. Giselle

    ¡Hola, Jesús! Siempre me son muy útiles tus artículos, y más aún en los que encuentro alguna identificación, como en este caso.
    ¿Es posible padecer una agorafobia «residual» o que reaparece (o no sé cómo llamarla, no sé nada de términos médicos)? Como te he platicado en otros artículos, yo sufrí ataques de ansiedad hace muchos años, y los fui superando poco a poco. Pero en etapas de mucho estrés o inseguridad en mi vida, reaparecen. Recién me regresó un temor de desmayarme o de ahogarme con mi lengua, estando en Misa. Ya sé cómo trabajarlo y aunque mi mente me decía las siguientes veces: «no vayas, no vayas», me he obligado a ir y lo que hice al aparecer la ansiedad fue hacer unos ejercicios de respiración y mantener una actitud de calma y felicidad. Finalmente, el domingo pasado todo estuvo muy bien, creo que lo he superado nuevamente. Lo que no me agrada es esa reaparición, y me hace sentir que soy muy sensible a los cambios, por ejemplo, el sacerdote era nuevo, comenzó impuntual, etc. y eso fue lo que desencadenó mi ansiedad, aunado a mi estrés personal. Me hace sentir como inmadura y no quiero que sea algo con lo que tenga que lidiar siempre. En cuanto a lo hereditario, casualmente platiqué con mi madre acerca de ello, y me dijo que su papá (mi abuelo) sufrió agorafobia, que incluso hubo años que no podía salir de su casa, y también ella misma (estuvo en tratamiento psicológico).

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    • Jesús Matos

      Hola Giselle,
      La verdad es que lo que hiciste es lo que hay que hacer. La clave es no evitar. Incluso si queremos «erradicarla» del todo, podemos intentar exponernos a este tipo de situaciones de manera más frecuente o intensa. Y poco a poco irá desapareciendo.
      Pero por supuesto, tenemos que tener en cuenta que la ansiedad (normal) es deseable y va a aparecer en ciertas circunstancias. La clave es conocernos a nosotros mismos y que no nos pare 🙂
      ¡Muchas gracias por tu comentario!

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  2. Ana de la Fuente

    Qué pasada de artículo, me he sentido muy muy identificada, estoy perdiendo el tiempo en dejarlo estar..

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  3. Juan

    Esa es la gran verdad, que el problema con la agorafobia es que los ataques de ansiedad pueden llegar a ser tan aterradores que la persona aprende a evitar aquellas situaciones que puedan desencadenar el ataque, el problema es que es una estrategia que perpetúa el problema. Es mejor enfrentarse al miedo y exponerse de forma controlada pero progresivamente creciente a ese tipo de situaciones. A medida que uno se expone más y más, poco a poco dejan de ser tan intensos esos episodios de ansiedad y uno va recuperando el control de su vida. Pero lógicamente eso implica una gran disciplina mental, fuerza de voluntad y valentía

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    • Jesús Matos

      Totalmente de acuerdo Juan. Gracias por tu comentario

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  4. Agorafobico

    Soy agorafobico desde los 10 años y la verdad es una pesadilla, gracias a Dios y alos medicos ya estoy mejor, pero la verdad es aterradora la idea de salir de casa. Yo definiria la agorafobia como el miedo a pasar miedo en la calle.
    No es tanto el miedo a la gente o a espacios abiertos si no mas bien a no poder recibir ayuda. De ahi eso de los caminos «seguros» que es cuando te inventas rutas para tener amigos o conocidos a los cuales puedes pedirles ayuda.

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    • Jesús Matos

      Muchas gracias por compartir tu experiencia! 🙂

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