Las emociones negativas son tus amigas.

por | 26 Oct, 2015 | emociones

emociones negativas

Desgraciadamente todos los días acuden a mi consulta personas creyendo que existen emociones negativas y emociones positivas. Personas que experimentan ansiedad, ira o tristeza. El 90% me dice lo mismo, que son emociones horribles y no quieren experimentarlas nunca más. Yo siempre les hago la misma observación. ¿Y si te digo que sin ansiedad/miedo/tristeza estarías muerto? La gran mayoría se quedan a cuadros. Sigue leyendo y descubre por qué digo esto.

Las emociones negativas son tus mejores amigas: Ansiedad y miedo

Absolutamente todos los seres humanos (salvo excepciones patológicas) tenemos ansiedad. La ansiedad es una emoción que nos ayuda a sobrevivir. Te voy a poner un ejemplo para que te hagas una idea.
Imagina que estás cruzando un paso de cebra, y al mirar hacia la derecha, izquierda si estás en Londres, ves que un autobús viene hacia ti a más de 200 Km por hora. Eso que te hace apartarte es ansiedad o el miedo. (¡¡Minipunto para el miedo!!)
El miedo produce cambios en nuestra fisiología, acelera nuestra tasa cardíaca, estimula la sudoración, tensa los músculos, nos hace respirar más rápido etc. (Si te apetece saber más sobre el tema, aquí hay un post dedicado a ello)
Todas estas sensaciones están programadas para escapar de una situación peligrosa.
Volvamos a los orígenes de la especie humana.
Evolucionamos en un entorno hostil, como era la sabana africana, hace 150 000 años. En ese ambiente los peligros que nos acechaban eran muchísimos y la única manera que teníamos de salvar la vida era correr o luchar.
Precisamente nuestro cerebro se especializó en emitir esta respuesta. Así que cuando evaluamos una situación como peligrosa, nuestro sistema emocional dispara las alarmas y se pone en funcionamiento el circuito del miedo.
Afortunadamente en la sociedad actual, los estímulos que nos generan ansiedad o miedo no suelen suponer una amenaza para nuestra vida. Pero la evolución biológica de la especie es muchísimo más lenta que la evolución tecnológica por lo que no nos ha dado tiempo a desarrollar respuestas emocionales adaptadas a este nuevo ambiente.
Por suerte para nosotros, el cerebro es programable y podemos «enseñarle» cuándo tiene que responder con ansiedad o miedo y cuándo no. La regla básica es «Si no me mata lo afronto».
Precisamente exponiéndote a situaciones que te dan miedo es como conseguimos dominarlo. Se trata de hacer lo contrario a lo que nos pide el cuerpo.
Por ejemplo, imagina que tienes que dar una charla en público ante 2000 personas. Entre ellas están importantes autoridades. Seguramente tu respuesta (Y la mía…) sea de miedo y ansiedad. Muy probablemente el primer pensamiento que te llegue a la cabeza sea no hacerlo.
Imagina que te dan 3 millones de euros por dar una charla de media hora. Seguramente conseguirías poner valor y afrontar la situación. Ahora imagina que se convierte en tu trabajo habitual y que todos los días das 10 charlas parecidas ante un público similar.
Poco a poco la respuesta de ansiedad y de miedo se iría extinguiendo hasta desaparecer a las pocas semanas.
Por ello lo mejor que puedes hacer cuando algo te de miedo es coger el toro por los cuernos y hacerlo. No evitar la situación nunca más.

Las emociones negativas son tus mejores amigas: Tristeza

Al igual que la ansiedad y el miedo, la tristeza es otra respuesta del cuerpo humano que ha evolucionado junto con la especie. En algún punto de esa evolución ha supuesto una ventaja para adaptarse al medio, por eso todos nosotros somos capaces de experimentar tristeza.
Esta emoción surge siempre ante la percepción de una pérdida. Puede ser de un ser querido, de un trabajo, del estatus socioeconómico, de una pareja o de un objeto muy valorado.
Lo primero que hace nuestro cuerpo es ponerse en «modo ahorro de energía». Nos hace estar más reflexivos y hace una llamada de auxilio a nuestro círculo social.
Es una maravilla de la ingeniería evolutiva del cuerpo. Imaginemos que nos encontramos en mitad de la sabana africana hace 150 000 años. Supongamos que a nuestro mejor amigo se lo ha comido un dientes de sable el día anterior. Nuestro cerebro nos hace que paremos nuestra actividad y reflexionemos sobre la pérdida. Nuestra mente entra en un estado de «solución de problemas» y nos ayuda a que esto no nos vuelva a pasar. Además la emoción, hace que nuestros compañeros de tribu sientan empatía por nuestro dolor y se vuelquen en ayudarnos.
Con la tristeza ocurre lo mismo que con el miedo o la ansiedad, que están «pensadas» para otra forma de vida. En la sociedad actual, podemos empezar a sentirnos tristes ante una pérdida (Repito, puede ser desde romper con tu pareja o perder la oportunidad de salir los sábados a hacer ciclismo). En principio la emoción cumple perfectamente con su función, nos para la actividad y nos pone reflexivos.
Los primeros días, nuestro entorno se vuelca con nosotros y nos anima. Pero el problema viene cuando empiezan a permitirnos quedarnos en ese estado de inactividad. Se convierte en un ciclo vicioso, a menos actividad, menos oportunidades de hacer cosas agradables, por lo que perdemos aún más cosas y esto hace que nos sentimos cada vez más tristes.
Poco a poco nuestro círculo de apoyo se va retirando y cada vez nos sentimos más solos, lo que ocasiona todavía más tristeza.
Así empiezan un gran porcentaje de las depresiones.
Hace 150 000 años era imposible que ocurriese eso. Es probable que los primeros días nuestra actividad bajase y nuestros iguales nos permitiesen estar inactivos. Pero a las pocas semanas nos cogerían de la oreja y nos sacarían a cazar mamuts, porque sin nuestra colaboración, la tribu se moría de hambre. Lo que hacía que poco a poco nos fuéramos activando y nuestra emoción se fuese diluyendo.
Precisamente esa es la mejor forma que tenemos de regular con eficacia la tristeza. Está bien que ante una pérdida estemos más bajos de ánimo. No hay por qué alarmarse y es algo saludable. Pero para gestionar la emoción de forma adaptativa tenemos que procurar no caer en la inactividad y hacer hincapié en programar actividades agradables

 Las emociones negativas son tus mejores amigas : Ira

Otra emoción que hace miles de años tenía un valor incalculable, pero que ahora muchas veces nos boicotea por no saberla manejar con eficacia.
La ira surge cuando percibimos que se ha cometido una injusticia. Puede ser hacia otros o hacia nosotros mismos.
Al igual que la ansiedad y el miedo, nos acelera el corazón, nos tensa los músculos y nos hace que respiremos más rápido etc. En resumen, nos prepara para atacar.
Si volvemos a la prehistoria, tiene mucho sentido que ante la invasión de nuestro territorio por parte de otra tribu, reaccionemos con ira para defender lo que consideramos nuestro. Nos ayuda a sobrevivir.
El problema viene en la sociedad actual, en la que ante la percepción de una injusticia, nuestro cerebro reacciona igual que hace 150 000 años. En esos tiempos no existían las normas sociales ni las leyes y probablemente el matar a un miembro de una tribu rival estaba hasta bien visto, pero ahora agredir a tu jefe porque te pide que te exige que te quedes hasta tarde en el trabajo supondría más problemas que ventajas.
La ira nos proporciona un impulso fuerte para actuar, y es precisamente lo que tenemos que hacer. Actuar. Pero no de forma agresiva, si no de forma asertiva. La ira nos prepara para que no abusen de nosotros por lo que tenemos que escuchar a esta emoción y pedir educadamente lo que creemos que es justo.

Conclusiones

Todas las emociones son buenas. Ninguna de ellas nos hace mal. El problema es cuando la intensidad, la frecuencia y la duración son demasiado altas y nos afectan en algún área de nuestra vida diaria. (Si te pasa eso puedes pedir una consulta conmigo desde aquí)
Evitar las emociones es el primer paso para perder el equilibrio mental. La mejor forma de regular estos estados es escuchar lo que nos dice el cuerpo, entender que quiere que hagamos, comprender de dónde viene esa emoción y actuar de forma adaptada a la sociedad actual.
En resumen. Si tienes miedo a algo, afecta a tu rutina diaria, y objetivamente no es peligroso para tu vida. Afróntalo
Si te encuentras triste, fomenta el apoyo social, actívate haciendo cosas que te gusten, piensa de dónde viene la emoción, aprende de los errores, pero no te quedes metido en la cama.
Si te encuentras enfadado ante una situación, reflexiona sobre si realmente se está cometiendo una injusticia, escucha a tu cuerpo, tranquilízate e intenta solucionar el problema, aprovechando el impulso de la emoción, de forma asertiva.
Y recuerda que el cerebro no es una máquina para hacerte feliz. Es una máquina de supervivencia. Tenemos que comprender cómo funciona para sacar el máximo partido a nuestras vidas.
Si te ha gustado el artículo me encantaría que lo compartieses en tus redes sociales.
Me ayudarías mucho.
emociones negativas
 

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6 Comentarios

  1. Susana

    Me ha encantado el artículo. Es genial!. En mi caso la ira no sé manejarla bien porque me lleva a estar cabreado con la circunstacia, conmigo, con las personas….y de ahí no salgo.

    Responder
  2. Mercelena

    Que gran artículo, sencillo, lenguaje común y muy asertivo.
    Felicidades!!!

    Responder
  3. Cristian Perelló

    Magnífico. Me encanta este asunto de las explicaciones genéticas. Dan perspectiva y son de gran utilidad en la aventura del autoconocimiento. Y ya sabemos que el autoconocimiento es siempre el principio del siguiente nivel.
    Enhorabuena por tu artículo. ¡Un saludo!

    Responder
    • Jesús

      ¡Muchas gracias Cristian! Un fuerte abrazo

      Responder
  4. Isabel

    Hola Jesús
    Releyendo el artículo destacaría dos aspectos:
    El hecho de poder reprogramar nuestro cerebro y la importancia de que así lo hagamos. Aprender a gestionar nuestros estados emocionales nos hace más seguros y por tanto menos vulnerables e influenciables. Habitamos en un entorno distinto a nuestro origen, que presenta un código abundante y manifiesto de hostilidades.
    Conseguir dominar el miedo y la ansiedad por uno mismo, en oposición a hacerlo por un fin remunerado.
    En la era del poder del dinero, nos venden la felicidad y el éxito como algo instantáneo y sencillo de adquirir.
    Gracias por tu articulo.
    Un cordial saludo

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