Estar en equilibrio en un mundo de locos

por | 17 Abr, 2017 | bienestar

estar en equilibrio en un mundo de locos

La sociedad actual es una vorágine de estrés, insatisfacción y dificultades de adaptación. España es el segundo país del mundo en consumo de pastillas para la ansiedad. En torno al 18,9% de los mayores de 18 años han tomado psicofármacos en las últimas dos semanas. Esto es un síntoma de que algo va mal.
El paro, la crisis, los trabajos mal pagados, las jornadas maratonianas, la imposibilidad de conciliar vida familiar y vida laboral, la falta de tiempo para el ocio y un largo etcétera son factores que nos empujan lejos de conseguir el equilibrio emocional.

El origen del ser humano

El otro día, hablando con un amigo mío, experto en sociedades tribales, me explicó que las tribus, de media, invierten entre 3 y 4 horas para conseguir todos los recursos necesarios para vivir.
El resto del tiempo lo invierten en descansar y en afianzar las relaciones sociales. ¿Y nosotros nos creemos más evolucionados?
El ser humano, no deja de ser un mono venido a más. Somos animales, no seres superiores. Compartimos la gran mayoría de las estructuras cerebrales con nuestros parientes más próximos (hablo de parientes interespecies, no de nuestro tío de cuenca).
Si observamos el comportamiento animal, veremos que no se meten en cubículos de dos metros cuadrados a teclear en un ordenador. Dedican la mayor parte del tiempo al ocio y al descanso.
Los primeros restos de seres humanos datan de hace 150000 años. Una época en la que la sociedad nada tenía que ver con la actual.
Nos ocupábamos de sobrevivir. De buscar alimento, agua, un lugar para refugiarnos y si conseguíamos lo anterior, socializábamos y nos divertíamos.
estar en equilibrio en un mundo de locos

Un día en occidente

Si comparamos la vida que llevábamos con la actual, veremos grandes diferencias.
Antes, como te decía antes, nuestras preocupaciones eran otras. Teníamos ciertas obligaciones necesarias para seguir con vida. Pero eran preocupaciones a corto plazo. No teníamos problemas que se dilataran en el tiempo como lo hacen ahora.
Actualmente, cualquier ciudadano medio del “primer mundo”, invierte al menos 8 horas en trabajar. Cuando acaba, tiene que salir corriendo a buscar a los niños del colegio, llevarlos a sus actividades extraescolares, si tiene suerte, puede ir en coche a correr en una cinta durante unos minutos. Después, volver a buscar a los niños, ducha, cena, un orfidal para olvidarse de que tiene que pagar la hipoteca y a dormir. Al día siguiente repite la secuencia. Así durante cuarenta años.
Con esta rutina, ¿Cómo no vamos a estar estresados, tristes, ansiosos y enfadados?
No nos dedicamos ni un minuto de nuestro día a nosotros mismos. No comprendemos nuestras emociones. Somos incapaces de entender a nuestro cuerpo. Y al final lo pagamos. Y muy caro.

¿Cómo revertir la situación?

No voy a hacer aquí un manifiesto político sobre cómo debería ser la sociedad, porque creo que no es mi competencia. Me limitaré a intentar dar luz a las posibilidades que tenemos a título individual.
Las buenas noticias es que nuestro cerebro aprende. Es una máquina perfecta de superviviencia. Eso sí, tenemos que entrenarlo para ello.
La primera de las claves es empezar a dedicarnos un ratito cada día. Es fundamental que lo hagamos. Si no sacamos tiempo para nosotros mismos, poco podemos hacer.
La segunda clave es dedicar este tiempo a desarrollar nuestra inteligencia emocional.
Llevamos desde los 3 años haciendo ejercicios de razonamiento. Sabemos escribir, multiplicar, hacer la declaración de la renta y llevar las cuentas de casa. Pero ¿Sabemos qué quiere decirnos nuestro cuerpo cuando notamos presión en el pecho? ¿Sabemos diferenciar entre miedo y ansiedad? ¿Sabemos qué hacer para dejar de estar tristes?
La gran mayoría de los occidentales somos unos absolutos analfabetos emocionales. No tenemos ni idea de lo que significan, no sabemos qué hacer cuando aparecen y mucho menos sabemos regularlas.
Si supiésemos hacerlo, tendríamos la capacidad para alcanzar el equilibrio en casi cualquier situación.
Ten en cuenta, que en nuestro día a día, tenemos pocas situaciones en las cuales nos jugamos la vida. Pero el miedo aparece de forma mucho más frecuente. Es un gasto de energía innecesario.

¿Cómo empiezo a aprender a regular emociones?

El primer paso es entender qué son las emociones. Son estados psicofisiológicos para intentar adaptarse a estímulos internos y externos.
Es decir, no hay emociones buenas y malas, son todas necesarias.
El segundo paso es comprender qué nos quiere decir cada emoción. No es lo mismo sentir ansiedad que sentir tristeza ¿Verdad?
Después, hay una serie de habilidades que tenemos que ir desarrollando para que la intensidad, la frecuencia y la duración de nuestros estados emocionales nos permitan llevar una vida plena.

Atención plena al momento presente

Generalmente pasamos media vida pensando en el pasado y la otra media en el futuro. Cualquier estado emocional tiene un desencadenante claro. Si no tenemos la capacidad de atender al momento presente, nos enredaremos en recuerdos dolorosos y anticipaciones, por lo que perpetuaremos el estado emocional.
Si conseguimos mirar a nuestras emociones sin juzgarlas, estas serán cada vez más suaves. Veremos cómo en pocos segundos se diluyen.

Reevaluación de los estímulos

El cerebro tiene una capacidad limitada para procesar información. Por lo que siempre está tomando atajos.
En muchas ocasiones, la primera evaluación que hacemos de una situación, nos lleva a sentirnos ansiosos, tristes o enfadados.
Muchas veces, este primer procesamiento es erróneo. Por lo que desarrollar la capacidad de reevaluar los estímulos es necesario para no quedarnos enganchados en ciertos estados emocionales poco adaptativos.

Tolerar las sensaciones fisiológicas

En multitud de ocasiones, sobre todo cuando nos encontramos ansiosos, nuestras propias sensaciones físicas nos generan miedo.
Notar el corazón acelerado o la respiración agitada, pueden ser estímulos que nos generen emociones de ansiedad.
Ser capaz de aceptar estas sensaciones nos permite no juzgarlas como negativas. De esta manera, nuestros estados emocionales son menos intensos, menos frecuentes y menos duraderos.

Tolerar una amplia gama de intensidad de emociones sin evitarlas

Soy consciente de que, en ocasiones, nuestras emociones, son tan intensas que pueden abrumarnos.
Pero la realidad es que en ningún caso son peligrosas. Por lo que no ocurre absolutamente nada por abrirnos a lo que nuestro cuerpo nos quiere decir. Ten en cuenta que es simplemente su forma de indicarnos que algo está ocurriendo.
La mayoría de nosotros caemos en la trampa de intentar evitar estas emociones. Lo hacemos muchas veces con estrategias tan automatizadas que ni nos damos cuenta. Por ejemplo, quitamos una preocupación de la cabeza sin darnos cuenta o nos distraemos con música cuando montamos en avión (este ejemplo es mío).
La aceptación radical de nuestros estados emocionales, nos lleva a tolerar una amplia gama de intensidades. Lo que a la larga nos facilita mucho la capacidad de regular emociones.

Conclusión

Tenemos un estilo de vida que fomenta el desequilibrio emocional. Tenemos demasiadas responsabilidades, demasiado trabajo y muy poco tiempo para nosotros mismos y para los nuestros.
Aprender a regular emociones exige cierto esfuerzo. No es una tarea difícil si vas paso a paso, pero es necesario invertir cierto tiempo. No se aprende de la noche a la mañana.
Por eso no me queda otra que animarte a desarrollar esta capacidad. Te aseguro que no te arrepentirás.
Te lo dice uno que ha invertido buena parte de su vida en ello.

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13 Comentarios

  1. Lola Madrid

    Muchas gracias por tu artículo, me ayudan no sólo este sino los demás que he recibido en mi lucha con la ansiedad y depresión. GRACIAS JESUS

    Responder
    • Jesús Matos

      Me alegro muchísimo de que así sea.
      Para cualquier cosa, ya sabes dónde estoy.
      Un abrazo

      Responder
  2. Maite Alcalde Ricart

    Hola,Jesús! Muchas gracias por seguir enviándome tus artículos, pues me ayudan mucho para comprender en que me equivoco y ver les cosas de otra manera, ya que estoy en plena depresión y con tratamiento,
    Muchas gracias,
    Un abrazo

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  3. María

    Muchas gracias por tus artículos, Jesus . Son muy claros y eficaces , por eso me gustan. Un cordial saludo !

    Responder
  4. Caro chan

    Dicen que estar adaptado a una sociedad tan enferma es síntoma de insanidad. El problema, yo lo veo así, es que lo hemos normalizado todo tanto que ya nada nos alerta, otra piedra más para la mochila ,otra hostia más de la vida… Y como no me han dado las herramientas, en mi juventud, para saber cómo liberarme de las piedras sin culpa o cómo plantarle cara a las hostias que no deberían darme pues pastilla al canto. La ataraxia química como remedio a todos los males.
    Me ha gustado mucho Jesús. Espero volver a coincidir contigo por los mundo de Yuuuupi! Jajaja
    Chuuuuu!!

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    • Jesús Matos

      Totalmente de acuerdo :), a ver si nos vemos en otras!! 🙂
      ¡Un abrazo Caro!

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    • kiko

      Muy buena reflexión Caro. Totalmente de acuerdo.

      Responder
  5. Sefora Bermudez

    Un gran artículo Jesús.
    Una perfecta descripción de como la vida, como una espiral nos traga sin masticarnos.
    Por ello es importante parar y cuidar cuerpo y mente, como tu dices.
    ¡Para cuando una asignatura escolar sobre estos temas!. Tu blog debería ser libro de texto. 🙂 Sin una buena gestión emocional la vida se desploma.
    Un abrazo.

    Responder
    • Jesús Matos

      jajajaja, ¡Me alegro de que te guste Sefora! Hay mejores libros de texto que mi blog jejeje
      ¡Un abrazo!

      Responder
  6. kiko

    Es curioso como vuestro trabajo redunda siempre en la simplicidad de la misma idea.
    Entender los pensamientos y las emociones.
    Qué son, qué las provoca, cómo podemos entenderlas y gestionarlas.
    Yo pienso que siendo así de pesaos con el mismo tema, hacéis un trabajo buenísimo.
    (yo hago lo mismo, a mi manera, jejejej y Caro tambien jajajja) ?
    En la línea de la señorita, yo pienso que se ha normalizado todo tanto, que nos cuesta entender que realmente, qué hay detras de nuestra realidad presente. Nos cuesta entender que poner ANTENCIÓN PRESENTE va mucho más allá de los planos más superficiales de la primera apreciación del momento del ahora.
    Un abrazo.

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  7. Cristina Hortal

    Hola Jesús. Muy de acuerdo con lo que afirma tu post.
    Los automatismos que asumimos condicionados y adiestrados por la educación y la sociedad (y aderezados por nuestra vagancia) nos conducen continuamente a la evitación de la confrontación con todo lo que sentimos un poco más intenso o inusual de la «norma». En ese transcurso, sin darnos cuenta, nos cogemos miedo a nosotros mismos. Y cada vez se hace el lío más grande.
    Si nos atrevemos a sentirnos sin excepción (lo que nos lleva a una comprensión integrativa y no puramente intelectual) la armonía se reestablece de modo natural. Y esto porque aprendemos a convertirnos en nuestros propios aliados. Creo que esa es la misión de cualquiera.
    Siempre nos dijeron que toda cuánto necesitamos estaba en nuestro interior, pero somos tan cabezotas…
    Gracias por colaborar con tu trabajo a que nos demos cada día un poco más cuenta de que nuestro equilibrio depende de nosotros. Abrazos!

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