Hoy tomándome el café antes de trabajar el destino ha querido que el mensaje del azucarillo fuese el siguiente “Nos pasamos la semana esperando que llegue el viernes, el año esperando que llegue el verano y la vida esperando la felicidad. Olvidándonos de vivir el momento.”
Qué queréis que os diga, pequeños momentos como estos me hacen reflexionar sobre el tipo de vida que nos inculcan a vivir en esta sociedad. Estamos perdiendo nuestro espacio. No tenemos tiempo ni para reflexionar sobre quienes somos. Estamos deshumanizándonos. Échale un ojo a lo siguiente.
La actitud ante la vida: Nuestra antigua rutina
Me levanto antes de lo que mi cuerpo me pide, necesito café para soportar el sueño, me meto en el vagón del metro con otras 500 personas que a pesar de estar en contacto con mi piel, no miro a la cara. Paso al lado de tres o cuatro mendigos y ni siquiera me doy cuenta.
Entro al trabajo donde paso un tercio de mi vida y ni siquiera se como se llama la persona que se sienta a mi lado. Busco cualquier resquicio de humanidad husmeando entre mis contactos de facebook. Resisto como puedo la rutina laboral a la que estoy anclado porque tengo que pagar por el sitio donde vivo durante 50 años. Me meto comida rápida en vena para paliar el hambre voraz. Me insuflo otro café para aguantar el tirón que me queda.
Vuelvo a embutirme en el metro con otras 300 personas a las que no pienso mirar a la cara. Llego de mal humor a mi casa y no quiero que ni mis hijos ni mi mujer me hablen. Ceno y me voy a dormir, asqueado, como todos los días. Me cuesta conciliar el sueño. Mañana me levantaré cansado. Ración doble de café.
¿Os veis reflejados? ¿De verdad es posible aspirar a la felicidad con esa rutina? Planteado así parece complicado. Vamos a hacer pequeños cambios.
La actitud ante la vida 2: Nuestra nueva rutina
Me levanto con media hora de antelación para preparar el desayuno a mi mujer y así tomarme el café mientras amanece. Disfruto con su mirada de agradecimiento y ternura cuando se sienta a mi lado.
Me ducho, salgo con energía de casa. Cojo la bici y doy un paseo al trabajo de 35 minutos. Me llena de energía empezar así el día. Entro por la puerta y doy un sonoro buenos días con una sonrisa de oreja a oreja. Incluso hay dos personas que me contestan, una incluso me devuelve la sonrisa.
Me siento en mi mesa y enciendo el ordenador. Al minuto llega Paco, mi compañero de al lado, le pregunto por su fin de semana. Charlamos animadamente mientras se inicia el programa. Tras tres horas de duro trabajo decido que es hora de tomarme unas merecidas mini vacaciones de 5 minutos. Salgo a la calle a tomar el aire y a comprar una manzana.
Sigo trabajando duro hasta la hora de comer. Salgo con Paco y con Mari Carmen al bar de la esquina a comer algo. Ensalada y filete a la plancha. De postre una fruta. Hoy no hay café. Me sobran 20 minutos antes de volver a empezar a trabajar. Decido que los voy a invertir en meditar.
Tras la meditación me encuentro lleno de energía, con la mente en clama. Puedo afrontar las últimas horas de trabajo.
Acabo de trabajar y tras despedirme de mis compañeros cojo la bici y me doy otro paseo hasta casa. Por la calle me cruzo con varias personas con cara de amargados, enfadados, tristes. Los coches no paran de pitar, pero yo estoy disfrutando de la luz del atardecer reflejada en el edificio histórico que tengo en frente.
Llego a casa y mis hijos me abrazan nada más llegar. Mi mujer me replica enfadada que cuándo pienso cambiar la moqueta del salón, le contesto con una sonrisa y le digo que en cuanto pueda, pero que lo que no voy a cambiar es a ella por nada del mundo. Me devuelve la sonrisa y me besa.
Tengo tiempo para bañar a los niños y para ayudar con la cena. Después vemos una serie todos juntos. Al llegar a la cama duermo plácidamente. Mañana será otro maravilloso día.
A que cambia una versión a otra. Pues que sepas que el trabajo es el mismo, la ciudad es la misma, la familia es la misma y yo soy el mismo.
Lo que no es igual es mi actitud ante la vida ni mis ganas de invertir tiempo en mi bienestar. Como ves, solamente implementando pequeños hábitos podemos llevar a cabo un cambio drástico en nuestro bienestar.



¡Me encanta! Siempre hay que ponerle una sonrisa a la vida. Y siendo un poco, aunque sea un poco positivos, podemos cambiar muchas cosas, empezando por nuestro día a día.
Claro que podemos. Es solo cuestión de proponerselo. Muchas gracias Bárbara
Muy alentador, que bueno encontrar artículos así.
Me alegra mucho que te guste
Buenísimo buenísimo. Eso es lo que digo yo. Teniendo claro lo que quieres hay que ponerse manos a la obra. ¿Que quieres disfrutar de cada momento de tu Vida?, pues a ello!. Gracias por decirlo así Jesús.
🙂 Gracias Maria Jesús!!
Me ha encantado el contraste de una situación a la otra. Mismo trabajo, misma familia, misma persona pero diferente actitud. Al final…todo está en la mente. Excelente trabajo 🙂
Un saludo
Muchas gracias por tus palabras Noelia. Me alegro mucho de que te haya gustado. Como bien dices, todo está en la mente. Como decía Viktor Frankl, la última libertad humana está en cómo interpretamos la realidad.
Un fuerte abrazo